Al contrario de lo que podríamos pensar, el modelo de cuidado de mayores no es igual según la zona del mundo en la que nos encontremos. Existen profundas diferencias sociales y culturales en este sentido e incluso en Europa, encontramos cuatro modelos distintos de asistencia y cuidado al anciano: modelo nórdico, anglosajón, continental y mediterráneo.


Estos modelos se articulan en torno a diferencias demográficas y niveles socio- económicos, e influyen en la capacidad de asistencia que se otorga a la tercera edad por país.

Encontramos enormes diferencias entre el modelo mediterráneo y los otros tres, principalmente debido a la tradición patriarcal y los profundos lazos que unen a las familias y que presuponen una mayor capacidad de cuidado y asistencia por parte de los familiares.

Esto, unido a la fuerte presión de presupuesto que deriva del sistema de pensiones, ha redundado en una carga familiar muy fuerte y en ocasiones, sumamente injusta para el cuidador y para el anciano.

 Características del modelo mediterráneo de cuidado de mayores

El modelo mediterráneo de cuidado de mayores está presente en Grecia, Italia, Portugal y España. Se caracteriza principalmente por una asistencia socio- sanitaria de carácter informal. A día de hoy son mayoritariamente las familias y en especial, las mujeres de la familia, las que están al frente de los mayores o de los enfermos crónicos.

Aunque se está implementando un gran refuerzo en los sistemas de asistencia de la administración, se sigue priorizando a aquellos ancianos en una situación de mayor precariedad, por lo que las clases medias por un lado y aquellos sin una red familiar sólida por el otro, siguen estando en gran medida desatendidas.

Cuidado no formal de ancianos y familismo

Algunos estudios sociológicos han demostrado que el sobreesfuerzo realizado por las mujeres cuidadoras no formales y trabajadoras, ha permitido un mayor crecimiento económico general, al suplir como “cuidadoras informales” las ayudas que el estado debía dirigir en este sentido y que, de esta forma, se han destinado a otros asuntos.

En el modelo de cuidado mediterráneo, antes conocido como asistencial, hay un alto predominio de la asistencia no gubernamental, como asociaciones sin ánimo de lucro o entidades caritativas y/ o religiosas. También existe predominio de lo anteriormente explicado, esto es, familias que se hacen cargo del anciano. A esta situación se la denomina familismo.

Aún a día de hoy existe una enorme falta de recursos y profesionalización del sector de la asistencia y la ayuda a domicilio. Se sigue necesitando mayor protección del estado en estas situaciones de vulnerabilidad para ancianos y cuidador. En el otro extremo, encontramos las entidades privadas que gestionan centros de asilo o residencias para la tercera edad con tarifas muy altas que restringen enormemente el acceso de las clases medias a estos servicios.

 Sociedad mediterránea y lazos familiares

La sociedad mediterránea se apoya en un modelo social con menores gastos en asistencia y con un fuerte desembolso en pensiones. Se caracteriza además por un segmento de población altamente envejecida que queda en manos de la familia, como única responsable del cuidado. A esto hay que añadir que el sistema sanitario posibilita una vejez larga aunque no exenta de complicaciones de salud, a menudo graves y que requieren de un enorme esfuerzo en cuidados y desembolso económico.

La dependencia supone un reto para los sistemas sanitarios y de servicios sociales, que tienen que afrontar nuevas necesidades y demandas sociales en un contexto contradictorio de presiones políticas y económicas en favor de la contención del gasto social en general y del sanitario en particular y, al mismo tiempo, de nuevas demandas sociales en favor de una extensión de la protección social a las necesidades de ayuda personal que reclaman los ciudadanos, y sus cuidadores/as, para afrontar las distintas situaciones de dependencia.

Cambios de mentalidad en la atención y cuidado

En la actualidad, se ha empezado a cambiar de mentalidad tanto a nivel ciudadano como de la administración, ya que la concepción que distinguía entre “cuidado sanitario” y “asistencia” ha quedado en buena parte superado. Los gastos destinados en cuidados de larga duración representan un porcentaje creciente del gasto socio sanitario. Si bien en los países nórdicos este gasto supera el 30% del presupuesto total, en los países mediterráneos aún sigue siendo muy inferior.

Si tenemos en cuenta que de aquí al año 2050 la población mayor de 80 años habrá crecido en torno al 170% debemos replantear estos porcentajes y adaptarlos a la realidad de enfermos, ancianos y familias.

En los últimos años, se ha producido un cambio de mentalidad importante en relación al papel del anciano en diferentes líneas de pensamiento y actuación. Por un lado, los ancianos o aquellos individuos que ven cercana esta franja de edad, empiezan a ver con otros ojos el abandonar su hogar para instalarse en el de sus hijos, algo que hasta hace muy poco se veía como evolución natural de la vida. La mujer también ha cambiado su papel y ahora ya no permanece necesariamente al cuidado de la casa. Todos estos atenuantes marcan un antes y un después en el cuidado informal.

Asimismo, es el propio anciano el que reivindica su autonomía y el derecho a una vejez plena. Existe pues, también un cambio de signo en lo que los mayores esperan de esta etapa de su vida. Cambio que puede ser muy positivo de cara a que las generaciones futuras se responsabilicen de alguna manera de tener un plan B para el final de su vida.

Finalmente, existe una nueva red de empresas, como es el caso de mSoluciona, que están desarrollando una serie de servicios de asistencia profesionalizada y de calidad, que permita a los ancianos vivir en sus domicilios sin perder un ápice de calidad de vida y a sus familiares no perder la vida en darles el cuidado que necesitan.

Ese es nuestro objetivo y por él, trabajamos cada día.